Historia

 

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La historia de Rocaforte, también llamada Sangüesa la Vieja, es tan rica como sorprendente. Sus orígenes datan de tiempos de la Romanización, cuando en el siglo IX estas tierras eran frontera contra los musulmanes y su castillo tenía una posición privilegiada como vigía de Aragón y de las sierras de Leyre y Peña. Su papel fue clave, aun a pesar de que hubiese otras fortalezas cercanas como las de Cáseda, Gallipienzo y Aibar.

Entre sus muros nació en el año 865 Sancho Garcés I de Pamplona, rey de Pamplona entre los años 905 y 925. Primer rey cristiano que acuñó moneda, Sancho Garcés I amplió las fronteras meridionales del reino hasta llegar a tierras riojanas estableciendo su corte en Nájera y dotó de una organización definitiva al reino de Pamplona.

Tal y como explica el historiador Juan Cruz Labeaga en su libro “Sangüesa en el Camino de Santiago”, “durante el primer cuarto del siglo X estas tierras fueron objeto de expediciones de castigo llevadas a cabo por la morisma, como la de al-Nasir Abd-al -Rahmán 111, que se apoderó, entre otras fortalezas, del castillo de Sangüesa la Vieja el 19 de julio del año 924 y que destruyó la aldea de Sakunsa. García Sánchez [hijo de Sancho Garcés I] recuperó su castillo, lo mismo que el de Monreal. Algunos años más tarde, el nuevo rey Sancho Garcés II avanza hacia el sur de Sangüesa y conquista la Val de Aibar, Cáseda y Gallipienzo hasta San Martín de Unx”.

En 1035 muere Sancho el Mayor y se lleva a cabo el reparto del reino. La fortaleza de Rocaforte continúa en manos de los reyes navarros García el de Nájera y Sancho Garcés el de Peñalén, pero en 1063 este la cede a Ramiro I de Aragón. Habría que esperar otros 10 años para que Rocaforte volviera a pertenecer al Reino de Navarra, aunque por entonces la población del núcleo se reducía a las tropas y servidumbre del castillo.

Castillo de Rocaforte

Con el objetivo de repoblarlo, el rey Sancho Ramírez concede a la villa el Fuero de Jaca, convirtiendo a Rocaforte en la primera villa navarra en ostentarlo. Esta distinción, otorgada alrededor del año 1076, atraería nueva población y haría surgir nuevas construcciones y edificios religiosos.

Alfonso el Batallador, hijo de Sancho Ramírez, continúa con este repoblamiento y otorga a Rocaforte su segundo fuero, concediendo a la villa numerosas ventajas. En este recrecimiento comienzan a diferenciarse ya los actuales barrios del pueblo: Barrio Alto, antiguamente llamado Barrio del Burgo Viejo; Barrio Medio, alrededor de la Iglesia; y Barrio Bajo.

En esta época surgiría también como barrio de Rocaforte la actual Sangüesa, en su momento llamada Sangüesa la Nueva en contraposición a Sangüesa la Vieja (Rocaforte). Tal y como explica Juan Cruz Labeaga, el rey “de ninguna manera desea que vecino alguno de la Sangüesa en alto se traslade al llano, pues le interesa que siga existiendo alrededor de su castillo; por ello los excluye con la cláusula prohibiendo que los que posean fincas en el burgo alto puedan establecerse en la nueva villa en llano. También elimina a los navarros infanzones o nobles. Los pobladores serán los que ya estaban o los francos de Sangüesa la Vieja sin heredades o los nuevos francos y mercaderes que vendrían de otras tierras. Desde entonces, comienza a diferenciarse el Burgo Viejo o Sangüesa la Vieja del Burgo Nuevo o Sangüesa la Nueva”.

La importancia de Rocaforte como punto defensivo continúa durante los siglos XIV y XV y en batallas como las llevadas a cabo contra Aragón en 1365. El castillo, que en algunas etapas tiene guarnición de armas, es reformado en 1379 y 1414. Sirve también como residencia de los reyes navarros, y, entre otros, es utilizada como morada por Doña Blanca en 1430. La fortaleza conserva su condición de realengo o propiedad del rey hasta 1452, cuando Don Juan II la cede a León de Garro junto a la villa, las pechas y los montes. Dicha donación sería confirmada en 1514 por Fernando el Católico, pero según parece el castillo sería destruido tan sólo dos años después por orden de Cisneros. Aunque hasta el siglo XVIII aún eran visibles sus restos, hoy ya no queda nada de aquella grandeza.